
La Asus ROG Ally X no pretende ser solo una consola portátil más. Tampoco busca competir con las grandes ligas desde la distancia. Su propuesta es directa: ofrecer una experiencia de juego tan fluida y potente como la de un PC, pero en un formato que cabe en las manos. Y lo más curioso no es solo su hardware mejorado o su diseño robusto. Es su alianza cada vez más estrecha con el ecosistema Xbox y la decisión de apostar todo a Windows como sistema operativo.
Aquí es donde la cosa se pone interesante. Porque esta consola no solo ejecuta juegos, sino que abre la puerta a un universo híbrido donde Game Pass, mods, emuladores y juegos de PC conviven en un mismo dispositivo. ¿Revolución portátil? Puede que sí. ¿Una trampa disfrazada de libertad? También es posible.
El Ally X llega con mejoras notables respecto a su predecesora: mayor batería, mejor refrigeración, más almacenamiento. Pero la verdadera pregunta no es si rinde más, sino si logra resolver las contradicciones que implica ser una consola con alma de ordenador. En esta revisión lo analizamos todo: desde su construcción hasta su filosofía. Y lo que descubrimos, no es lo que esperas.
Diseño que engaña a la vista: grande, pesada… pero sorprendentemente cómoda
A simple vista, la Asus ROG Xbox Ally X impone. Su diseño robusto, sus agarres prominentes y sus 715 gramos de peso la alejan de la idea clásica de una consola portátil ligera y discreta. Y, sin embargo, en cuanto se sostiene por primera vez, la percepción cambia por completo. Esta máquina no debería ser cómoda, pero lo es. De hecho, lo es mucho más de lo que aparenta.
La ROG Xbox Ally X ha sido rediseñada con inteligencia, no solo con estética. Tras dos generaciones sin cambios notables, esta colaboración con Xbox Series ha servido de excusa perfecta para introducir mejoras audaces. El cambio más evidente son los enormes agarres traseros. Visualmente pueden parecer excesivos, incluso toscos, pero cumplen una función ergonómica clave: estabilizar el dispositivo entre las manos y repartir mejor el peso. Gracias a ellos, jugar durante sesiones largas no solo es posible, sino agradable, incluso con su grosor de 2,75 centímetros
Otra mejora sutil pero eficaz ha sido el reposicionamiento de los botones principales (A, B, X e Y), que ahora se encuentran más centrados y accesibles. En la versión anterior de la ROG Ally, estaban demasiado cercanos al borde, lo que obligaba a forzar la mano en cada pulsación. En esta nueva versión, el acceso es más natural. Los gatillos tienen una ligera resistencia que da una excelente respuesta en títulos de conducción, mientras que los sticks ofrecen una sensación firme y precisa. Todo parece estar donde debe, salvo una excepción: los botones traseros.
Estos dos botones adicionales, ubicados más hacia el centro que en otros dispositivos similares, resultan algo incómodos de accionar. Puede entenderse que Asus quiso evitar pulsaciones accidentales, pero el resultado es una accesibilidad limitada. Y como no están configurados por defecto, el argumento de "evitar errores" pierde fuerza.
El lateral superior tampoco se queda corto. Incluye una botonera generosa, encabezada por el botón de encendido con sensor de huella digital. Rápido y funcional, aunque algo pequeño y algo encajado, lo que complica su uso en ciertas situaciones. Le acompañan un jack de 3,5 mm, un lector de tarjetas UHS-II y dos puertos USB-C con soporte Thunderbolt 4. Son extremadamente versátiles, aunque su ubicación podría ser más acertada para evitar interferencias térmicas con los ventiladores.
Pese a todos estos aciertos, hay decisiones cuestionables. La ROG Xbox Ally X no se sostiene bien en posición vertical sin ayuda, y la peana incluida deja bastante que desear en cuanto a estabilidad y durabilidad. A eso se suma la ausencia de una funda protectora en la caja, algo difícil de justificar en un producto que roza los 900 euros y que incluye especificaciones como 1TB SSD y 24 GB de RAM LPDDR5X, además de su potente procesador AMD Ryzen con GPU AMD Radeon integrada.
Y si bien incluye vibración háptica, el resultado no convence del todo. No se siente como un mando tradicional, ni como el refinado sistema del DualSense. Está presente, sí, pero transmite sensaciones poco naturales.
Pantalla conocida, experiencia cuidada: un panel que cumple, pero no sorprende
La pantalla de la Asus ROG Ally X es una vieja conocida. Literalmente. Asus ha optado por mantener el mismo panel presente en la versión anterior, lo que significa que no hay avances significativos en este apartado, a pesar de las importantes mejoras internas como el procesador AMD Ryzen Z2 Extreme, los 24GB RAM LPDDR5X o la nueva batería de 80 Wh. Es una decisión que sorprende, especialmente tratándose de una consola portátil que apunta a lo más alto del sector.
El panel sigue siendo de siete pulgadas, con una relación de aspecto de 16:9, adecuada pero algo conservadora. Una proporción 16:10, como la que ofrece la competencia, habría mejorado el aprovechamiento del frontal y reducido los marcos, que aquí se sienten algo más pronunciados.
En términos técnicos, mantiene la resolución Full HD (1920 x 1080 píxeles), más que suficiente para una consola portátil enfocada al rendimiento y a la eficiencia energética. Esta decisión está bien pensada: subir a una resolución mayor habría comprometido la autonomía, incluso con una batería más grane como la de esta versión. El panel es compatible con FreeSync Premium, ofreciendo VRR (frecuencia de actualización variable), y alcanza 120 Hz, lo que da como resultado una experiencia fluida en juegos con alto movimiento.
Visualmente, la pantalla cumple. Reproduce el 100% del espectro sRGB, con colores nítidos y buena representación general. Sin embargo, a nivel de percepción, la ausencia de cambios frente al modelo anterior deja un sabor algo plano, especialmente cuando el resto del hardware ha dado un salto importante. Algunos detalles como la falta de sensor de brillo automático y el brillo máximo limitado a 500 nits afectan la visibilidad en exteriores o espacios con mucha luz.
El recubrimiento Gorilla Glass DXC, junto con la protección Gorilla Glass Victus, ayudan a reducir reflejos y a mejorar la resistencia, pero no logran resolver del todo los problemas del acabado glossy. Aquí, un panel con mejor tratamiento antirreflejos —o incluso OLED, aunque eso elevaría costes— habría sido un acierto.
Con la inclusión de tecnologías como AMD Fluid Motion Frames y el soporte de Xbox Game Pass, se esperaba un salto también en la parte visual, pero esta decisión conservadora con el panel no acompaña del todo al resto de las especificaciones punteras del equipo.
Sonido envolvente que impresiona: potencia, claridad y cero concesiones
Si hay un apartado donde la Asus ROG Ally X cuenta marca una diferencia real y palpable frente a sus competidores, es el del sonido. Aquí no hay margen para dudas ni matices: es, sin discusión, el mejor audio que puedes encontrar en un PC de bolsillo o consola portátil. No solo supera a su predecesora, que ya ofrecía una experiencia sorprendentemente buena, sino que eleva aún más el listón en esta generación.
Gracias al rediseño físico y a los nuevos agarres, los altavoces tienen una ventaja clara: ya no se bloquean con las palmas de las manos, algo habitual en este tipo de dispositivos. Esta mejora simple pero efectiva se traduce en un audio limpio, constante y bien proyectado, incluso cuando se juega con la consola en posición relajada o en movimiento. Y lo mejor es que el volumen puede alcanzar niveles realmente altos sin distorsionar, lo cual es poco común en sistemas tan compactos.
La experiencia sonora está muy bien equilibrada. Los graves tienen presencia, los diálogos son claros y los efectos se distribuyen con nitidez, incluso en juegos que saturan la escena con múltiples capas de sonido simultáneo. En títulos de carreras, la mezcla de motores, música y efectos ambientales mantiene su definición; en aventuras narrativas, las voces tienen una calidez especial; y en shooters, cada disparo o explosión se siente con peso.
Otro detalle que mejora la inmersión es que, cuando el volumen se sitúa por encima del 80%, la consola vibra ligeramente, generando una sensación táctil que acompaña el sonido y añade realismo. No es una función anunciada como tal, pero el resultado está ahí y se nota. Además, mantiene la salida de auriculares jack de 3,5 mm, ideal para quienes buscan privacidad o quieren usar equipos de audio más específicos.
Lo más revelador, quizás, es que durante las pruebas no ha sido necesario recurrir a auriculares. A diferencia de lo que ocurre con otros dispositivos como Nintendo Switch 2 o incluso la Steam Deck, aquí los altavoces invitan a usarlos como única fuente de sonido. Asus ha afinado este aspecto con precisión y confianza, y el resultado se nota desde el primer momento.
Potencia sin rival: AMD domina el corazón de la ROG Ally X
La Asus ROG Ally X no solo ha rediseñado su exterior; en su interior late una auténtica bestia que demuestra por qué AMD sigue sin competencia real en el terreno del hardware portátil de alto rendimiento. Y no es casualidad: tanto Asus como Xbox han depositado mucha confianza en esta máquina, pero es AMD quien sostiene su columna vertebral con un SoC que apunta alto, muy alto.
El procesador integrado es el AMD Ryzen AI Z2 Extreme, una APU de nueva generación que combina lo mejor de la arquitectura Zen con elementos innovadores pensados para el futuro del gaming portátil. Con 8 núcleos y 16 hilos, alcanza frecuencias de hasta 5 GHz, mientras que su GPU, basada en la Radeon 890M, trabaja a 2.900 MHz. A todo esto se suman 24 GB de memoria LPDDR5X y un almacenamiento generoso de 1 TB NVMe 4.0, con soporte para módulos 2280 si se desea reemplazar.
¿La gran novedad? La inclusión de una NPU AMD XDNA con potencia de cálculo de hasta 50 TOPS, un componente dedicado a tareas de inteligencia artificial. Esto permite liberar tanto la CPU como la GPU en ciertas operaciones específicas, como la generación de frames por IA o el escalado inteligente de imagen, facilitando tecnologías como FSR 4. Sin embargo, para sacarle todo el provecho, el software aún debe evolucionar. La base está lista, pero la implementación real depende ahora de los desarrolladores de juegos.
En cuanto a conectividad, tenemos Bluetooth 5.2 (que ya empieza a quedar algo atrás) y Wi-Fi 6E, más que suficiente para descargas rápidas y conexiones estables. Además, gracias al USB-C con soporte Thunderbolt 4, se puede conectar fácilmente a un dock o incluso a una eGPU.

Pruebas sintéticas y modos de rendimiento
La consola ofrece cuatro perfiles de energía que modifican el comportamiento del sistema:
- Silencioso (13 W)
- Rendimiento (17 W)
- Turbo (25 W)
- Turbo con corriente (35 W)
En las pruebas con Geekbench, el modo conectado a la corriente es el que ofrece los mejores resultados, como era de esperar. Pero lo más interesante es que, en modo Turbo a 25 W, las diferencias con el modo máximo no son tan dramáticas, especialmente en la GPU. Por su parte, el modo "Rendimiento" mantiene una excelente entrega gráfica, aunque reduce algo la potencia del procesador. En resumen, la GPU sigue siendo protagonista, algo clave para juegos modernos que dependen más del apartado gráfico que del cálculo puro.
Un dato revelador: en modo “Silencioso” a 13 W, la ROG Ally X ofrece un rendimiento comparable al modo de máximo rendimiento de la Steam Deck, que consume 15 W. Esto habla del salto generacional que AMD ha logrado en apenas dos años, dejando claro que sigue siendo la referencia indiscutible en este tipo de dispositivos.
Pruebas con juegos reales
Dejando de lado los benchmarks sintéticos, el rendimiento en juegos reales es lo que realmente importa. Con la configuración automática activada, los resultados son muy positivos. Títulos como ‘Cyberpunk 2077’ y ‘Horizon Zero Dawn’ se configuran directamente en calidad ‘Alta’, algo impensable en la generación anterior. Sin trazado de rayos, sí, pero con FSR 3 activo para mantener la fluidez.
En ‘Red Dead Redemption 2’, los ajustes se reparten entre ‘Medio’ y ‘Alto’, mientras que en ‘Gears of War Reloaded’ algunos elementos se colocan incluso en ‘Ultra’. Todos los juegos han sido ejecutados a 1080p, en pantalla completa, y los resultados son más que sólidos, incluso en modos energéticos intermedios.
Lo más destacable es que la experiencia no solo es fluida, sino consistente. Incluso en modos de menor consumo, se mantiene un nivel de rendimiento más que digno, lo que permite jugar durante más tiempo sin sacrificar demasiado.
¿Modo Xbox o Modo Windows? Una promesa en construcción que aún no despega
Uno de los elementos que más curiosidad genera en la Asus ROG Ally X es su llamado “Modo Xbox”, una función que, al menos en teoría, debía marcar una diferencia clara respecto al tradicional entorno de Windows 11. Y no se trata solo de marketing: la presencia del nombre Xbox en el propio dispositivo sugiere que esta integración iba a ir más allá de un simple logo. Pero, por ahora, la realidad no alcanza a la promesa.
Al encender la consola, accedes directamente al entorno de Xbox, que no es más que la aplicación oficial de Xbox para PC ejecutada a pantalla completa. Desde ahí, puedes gestionar tu biblioteca de Game Pass, acceder a funciones sociales, realizar capturas y controlar algunas opciones de rendimiento. Todo se presenta como una especie de interfaz simplificada y centrada en el juego, imitando —en cierto modo— el enfoque de Steam Deck con su sistema operativo basado en Linux.
Ahora bien, ¿hay diferencia real en el rendimiento respecto a ejecutar los juegos directamente desde el escritorio de Windows? En las pruebas, las puntuaciones obtenidas en ambos modos han sido prácticamente idénticas. Incluso en tests repetidos bajo las mismas condiciones, los resultados no varían más allá del margen esperado por la temperatura o procesos de fondo. Esto sugiere que el Modo Xbox, por el momento, es más una capa estética que una optimización profunda.
La idea de Microsoft era aligerar el sistema, reducir procesos innecesarios y centrar los recursos en el juego, pero esa optimización aún no se siente en la práctica. De hecho, en algunos casos como con Red Dead Redemption 2, ha sido necesario salir de este modo para lanzar el juego desde el entorno clásico de Windows.
Por otro lado, sí se agradece la facilidad para alternar entre entornos, usar Steam o plataformas externas como Epic o GOG, aunque no siempre funcionan de manera intuitiva. El menú de rendimiento de Asus también está presente en ambos modos, aunque algo redundante cuando ya tienes controles similares en la app de Xbox.
Lo que sí ofrece una experiencia más consolidada es la posibilidad de conectar la consola a un dock vía Thunderbolt 4, lo que permite cargarla mientras proyectas la imagen a un monitor o televisor. En estos escenarios, especialmente en pantallas 4K, el uso de tecnologías como FSR (FidelityFX Super Resolution) y generación de frames por IA marcan una diferencia. Juegos exigentes como Cyberpunk 2077 pueden beneficiarse de este soporte, sin generar retrasos molestos en la respuesta.
Batería a la altura, pero la carga... depende de ti
Una de las actualizaciones más relevantes —y notorias— en la Asus ROG Ally X respecto a su predecesora no está ni en el procesador ni en la pantalla, sino en algo mucho más básico pero esencial: la batería. En este modelo, Asus ha optado por duplicar la capacidad con respecto a la ROG Ally original, pasando de unos 40 Wh a 80 Wh, lo que se traduce en cerca de 5.000 mAh. Y sí, esa diferencia se nota, y mucho, especialmente si lo tuyo son las largas sesiones de juego portátil sin depender del cargador.
Lo primero que hay que decir es que esta batería es en gran parte responsable del aumento de peso. Quienes han desmontado la consola, como algunos creadores especializados, coinciden en que la densidad del nuevo módulo energético es considerable. ¿Incomoda? No. ¿Pesa más? Claramente sí. Pero a cambio, la autonomía ha mejorado de forma muy significativa.
Durante pruebas reales con Forza Horizon 5, un juego exigente a nivel gráfico pero bien optimizado, los resultados fueron reveladores:
- En modo Turbo, la consola consumió un 44% de batería tras una hora.
- En modo Rendimiento, el gasto fue del 30%.
- En modo Silencio, se redujo al 23%.

Esto se traduce, aproximadamente, en poco más de dos horas de juego intenso en Turbo, y bastante más en los otros modos. Lo más interesante es que, como ya se ha demostrado en los benchmarks, el modo Rendimiento sigue ofreciendo un equilibrio excelente entre potencia y consumo, con una experiencia fluida sin agotar la batería tan rápidamente. Por eso, salvo que busques jugar en ultra todo el tiempo, es la mejor opción para el día a día.
En cuanto a la recarga, aquí la historia cambia ligeramente. El cargador incluido es de 65 W, más que suficiente y ya conocido por quienes han usado otros portátiles o consolas de Asus. Con él, se tarda cerca de 100 minutos en alcanzar una carga completa. Sin embargo, si usas un cargador compatible más potente —por ejemplo, uno de 125 W con Power Delivery—, puedes recortar hasta 20 minutos el tiempo total, lo cual es útil si vas con prisas.
Eso sí, la velocidad de carga es constante solo hasta que la batería llega al 90%. A partir de ahí, el sistema reduce la potencia para evitar sobrecalentamientos y proteger la vida útil del componente. Esto significa que, si necesitas una carga rápida para salir del paso, llegar al 80% en menos de una hora es factible, pero si buscas el 100%, tendrás que esperar un poco más.
En resumen, la ROG Ally X por fin ofrece la autonomía que se espera de un dispositivo de su calibre, sin comprometer el rendimiento. Y aunque la carga no sea revolucionaria, al menos te deja margen de mejora si decides usar un cargador más potente. La consola dura más, aguanta mejor… y eso, para muchos jugadores, es lo más importante.
Conclusión: una consola portátil gaming ambiciosa que cumple con creces
La Asus ROG Ally X no es solo una revisión técnica, sino una reafirmación de hacia dónde puede ir el gaming portátil cuando se combinan potencia, diseño inteligente y ambición tecnológica. Asus ha escuchado, aprendido y mejorado en casi todos los aspectos clave: la ergonomía ha dado un salto evidente, la batería al fin está a la altura del rendimiento, el sonido es sobresaliente y el hardware —de la mano de AMD— continúa marcando el camino a seguir.
A pesar de algunos detalles por pulir, como el Modo Xbox que aún no ofrece ventajas reales sobre Windows o una pantalla que empieza a quedarse algo conservadora frente a las nuevas tendencias, la experiencia general es sólida, versátil y muy disfrutable. Ya no se trata solo de tener potencia bruta, sino de ofrecer un equilibrio real entre rendimiento, autonomía y comodidad de uso.
La ROG Ally X no es una consola portátil para todos, eso está claro. Su precio la posiciona en un segmento exigente, donde se le pide mucho más que a una portátil convencional. Pero lo que entrega, lo hace con convicción. Si buscas una máquina capaz de ejecutar juegos AAA en calidad alta, con buena autonomía, gran sonido y posibilidades de expansión, aquí tienes una opción difícil de igualar.
No es perfecta, pero es una de las propuestas más completas y maduras del ecosistema portátil actual. Y lo mejor es que, con las bases ya asentadas y la promesa del desarrollo de la IA y del entorno Xbox, esto podría ser solo el comienzo.